martes, 30 de noviembre de 2010

El ajedrez en los diarios. ¿Vale la pena dedicarse a difundir el ajedrez? Entrevistamos a Javier Vargas.

Xico y Javier en la UNAM

Entrevista ANPA a Javier Vargas.

Por qué te interesaste por el ajedrez?


Lo aprendí cuando estudiaba en el Instituto Superior de Comercio de Chillán, Chile, durante los recreos. Después lo jugué esporádicamente en la universidad. Me interesé en sus misterios cuando supe que tras el juego había una teoría, normas, historia y principios similares a los de la política, que fue mi gran pasión juvenil. Como dirigente político tuve que viajar mucho y durante esos viajes lo jugaba con relativa frecuencia. Cuando hablo de política me refiero a la gran política, la que tiene en vista los procesos sociales y el destino humano. La entiendo como expresión suprema de todas las ciencias. Si las ciencias tienen como fin el bienestar humano, la política es la que determina su aplicación, a quienes, por qué, cuándo y cómo se aplican. Por eso sostengo que es su máxima expresión. Muchos de los grandes principios que rigen el ajedrez, son aplicables a la política, y viceversa, de ahí que me han interesado por igual.


¿Cómo ha influido el ajedrez en tu vida?


De muchas maneras, aunque siempre lo he vivido como un pasatiempo y a veces como un medio para soportar la adversidad. En mis épocas de auge ha sido una diversión; en momentos dramáticos, un recurso maravilloso para mantener el optimismo. Donde más jugué ajedrez fue en los campos de concentración de la dictadura militar en Chile: un promedio de diez partidas diarias durante los 18 meses que, como miles y miles de chilenos, tuve que soportar tras el golpe de estado que derrocó al presidente Salvador Allende. Ahí conocí su teoría, su historia y sus misterios. Mis profesores de ajedrez fueron varios maestros nacionales chilenos con los que compartí meses y meses de encierro. Tras ser expulsado de mi patria, en 1975, en México, mi segunda patria, dejé de jugarlo. Pero en 1989, llegué casualmente a La Cabaña , ubicada en el parque Arboledas, frente a la Comercial Mexicana de Pilares, y ahí conocí a un grupo de ajedrecistas excepcionales, por lo que retomé mi antiguo pasatiempo. Entonces supe de sus facetas culturales, anecdóticas y científicas. Al poco tiempo un amigo me invitó a formar un Taller de Ajedrez en la Biblioteca de México, junto al metro Balderas. El proyecto lo elaboramos con el ingeniero Antonio Galán. Se suponía que yo sólo ayudaría a coordinarlo, pero se me pidió enseñar a los principiantes.

Como no tenía experiencia didáctica, preparaba cuidadosamente casa clase, incluso por escrito, para lo cual empecé a compilar libros, revistas y materiales de diversa índole. A fines de 1993 había reunido bastante material escrito (para las clases, obviamente) pero alguien me sugirió que lo publicara. Fue así como ofrecí algunos artículos al periódico Reforma, recién fundado, y ahí comenzó mi etapa “periodística”. Por eso siempre aclaro que no soy periodista. Simplemente he escrito sobre el deporte ciencia como aficionado, no sólo sobre el juego en sí, sino sobre sus nexos con la cultura, la historia, la ciencia y las artes, porque descubrí que en ello reside su mayor riqueza. Escribí en el Reforma hasta el 2005, (doce años). Ese mismo año fui invitado a publicar en el Diario Monitor y cuando éste desapareció, empecé en El Universal, donde ahora escribo una columna dominical.


¿Vale la pena dedicarse a difundir el ajedrez?


Por supuesto que sí. Si su mayor riqueza está en sus nexos con la ciencia, las artes y la cultura, no hay duda que vale la pena divulgarlo, especialmente entre los niños y jóvenes. Pienso que el peor desperdicio de la educación en América Latina, es que no se enseña ni se difunde suficientemente el entre los estudiantes, con la honrosa excepción de Cuba y Venezuela, que lo han incorporado como materia en la enseñanza básica y media. Coincido con el maestro Juan José Arreola, quien decía: “Si un niño aprende a jugar atentamente, ni importa que no sea campeón del mundo, lo que importa es que sea un ser humano capaz de atención, capaz de concentración en un momento de su vida, de sus circunstancias, de sus negocios, de su organización.

Yo tengo para mí y lo vuelvo a decir y ojalá me escucharan, que el ajedrez es la invención más bella, que va más allá de la capacidad humana.” Por eso ahora estoy empañado en sumar fuerzas y colaborar con quienes buscan incorporar el ajedrez a la enseñanza. Es bueno difundir el ajedrez, pero mejor seria incorporarlo a las escuelas. Ello depende de la política, pero de la gran política, repito, la que tiene en vista los procesos sociales y el destino humano.


Javier Vargas padre de ajedrecista en la UNAM





Arturo Xicoténcantl:

Fui deportista represente a la UNAM en natación fui campeón nacional en los 800 m y subcampeón en los 200 m mariposa y como periodista me inicie en el diario ESTO en 1965 estuve ahí 15 años, desde 1980 estoy en el Excélsior, 5 en el Universal y actualmente trabajo una vez más en el Excélsior y en Estadio W que es una testación de radio.

Yo he tratado de divulgar el ajedrez porque fue mi pasión cuando estuve en la ingeniería, me atrapo unos meses, después me di cuanta que no era mi finalidad y elegí la carrera de periodismo, pero siempre he sentido un cariño y respeto por el ajedrez y desde mis inicios lo divulgue en un dominical de México que se llamaba El Fígaro.

El ajedrez es mi pasión, parte de mi vida, porque constantemente estoy tratando de estudiarlo, recreándome con las partidas de los Grandes Maestros, he tenido la oportunidad de cubrir en 5 ocasiones el Torneo Internacional de Linares, el campeonato Mundial en Belgrado de 1992, en otro campo he estado en 8 Juegos Olímpicos, pero jamás he dejado el ajedrez, en un tiempo el ajedrez se publicaba en la primera página del Excélsior durante varios años, causo mucho impacto y logré muchas amistades con ello.

Fuente. http://www.axa.org.mx/54abiertomexicanodeajedrez/entrevistas/Arturo.html



Arturo Xicoténcantl en la UNAM.

 Excelsior























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